Evidencia epistolar del Fray Juan de Zumárraga y el Milagro de Nuestra Señora de Guadalupe
Fray Juan de Zumárraga fue un religioso franciscano español del siglo XVI, obispo y una figura central en los primeros años de la evangelización de la Nueva España. Nacido en el País Vasco, llegó a México en 1528 como el primer obispo de la diócesis, en un contexto marcado por tensiones políticas, abusos de poder por parte de autoridades coloniales y enormes desafíos culturales en la transmisión de la fe cristiana.
Zumárraga actuó también como defensor de los pueblos indígenas frente a los excesos de la Primera Audiencia, denunciando injusticias y enfrentándose directamente a figuras como Diego Delgadillo. Esta posición le generó conflictos y acusaciones, pero también consolidó su autoridad moral dentro del proceso colonial.
Si se quiere comprender en profundidad la figura de fray Juan de Zumárraga, no basta con situarlo en su contexto institucional o en sus acciones como obispo: es en sus propias cartas donde se revela con mayor nitidez la densidad de su pensamiento y la complejidad del momento que le tocó habitar. En ellas no solo se registran disposiciones pastorales o informes dirigidos a la Corona, sino que se articula una lectura del proceso evangelizador atravesada por tensiones, incertidumbres y una constante apelación a lo divino como fundamento de la misión.
Apéndice 3 Traducción de la epístola de fray Juan de Zumárraga
¨En Cristo, nuestro general, hacemos juramentos y también seguimos sus señales¨

Francis De Blas parte de un retrato anónimo del S.XVII sito en la Catedral de México.
Por eso, resulta necesario detenerse en su producción epistolar, que debe admitirse es un poco desorganizado, ya que sería a finales del siglo XVIII, que se intentaría recopilar su testimonio, sin embargo para aquellos que lo citan, lo encontramos en sombras en las cartas a estos dirigentes históricos con los que tuvo comunicación, particularmente en aquellas cartas donde expone tanto las dificultades de educar y convertir a los indígenas como los conflictos con las autoridades civiles, y donde, al mismo tiempo, deja entrever la convicción de que la empresa evangelizadora requería algo más que esfuerzo humano, una intervención directa de Dios.
Zumárraga insiste en el carácter arduo de la misión. Lejos de cualquier idealización, describe una empresa que exige no solo esfuerzo humano, sino una disposición espiritual radical. En su epístola, exhorta a los cristianos a asumir “tan pío y santo trabajo”, recordando el ejemplo de los fundadores (San Francisco y Santo Domingo) no solo en el hábito, sino en la vida y las costumbres.
Subraya una continuidad entre la tradición mendicante europea y la misión americana, marcada por privaciones, incomprensiones y resistencia. Sin embargo, recalca la magnitud misma de la tarea espiritual, con una dificultad no puede entenderse únicamente en términos pedagógicos o culturales.
Es conveniente que todos los cristianos asuman este cargo y se acerquen a tan pío y santo trabajo, ciertamente nosotros, hermanos carísimos, debemos tomar prontísimos este deber, si queremos emular a nuestros patriarcas, Francisco y Domingo, y a los demás, no solo por el vestido y por el nombre, sino por la vida y las costumbres. Os es demasiado conocido cuánto trabajaron y qué grandes dificultades aguantaron, soportando sed, hambre, frío, calor, injusticias y desgracias para propagar el reino de Cristo, como para que sea necesario contarlo en un sermón más largo. Ciertamente, si Dios hubiese suministrado a aquellos tamaña ocasión para realizar el servicio, habrían corrido incluso por medio de fuegos y tormentos de los mártires para reconducir a las ovejas, hasta entonces perdidas y errantes por la falta de pastor, hacia los rediles de Cristo, y habrían vuelto a llenar aquellas mansiones celestes que los espíritus arrogantes perdieron con muchos miles de almas. Ahora, en verdad, ningún tormento, ninguna tortura, ningún latigazo ni ningún ecúleo constituyen una amenaza; sino que está permitido, con ningún esfuerzo, ganar aquel Nuevo Mundo de la fe católica.
(Apéndice 3 Traducción de la epístola de fray Juan de Zumárraga)
Zumárraga reconoce avances significativos en la conversión. Resulta elocuente su contraste entre el pasado idolátrico “sacrificar… más de veinte mil corazones humanos” y el presente cristiano, donde “no a los demonios, mas a Dios son ofrecidos… sacrificios de alabanza”. La imagen no es menor: muestra una transformación que, aunque incipiente, se expresa en prácticas concretas, oración, sacramentos, enseñanza de la doctrina, y en la participación activa de los propios indígenas, incluso niños, en la transmisión de la fe.
Sin embargo, esta transformación no es lineal ni completa.
Y lo que pone admiración es que, antiguamente en su infidelidad, tenían por costumbre en esta ciudad de Mexico, cada año, sacrificar a sus ídolos más de veinte mil corazones humanos; y ahora no a los demonios, mas a Dios son ofrecidos con innumerables sacrificios de alabanza, mediante la doctrina y buen ejemplo de nuestros religiosos; por lo cual. al mismo solo Dios sea honra y gloria. el cual es adorado con reverencia en aquellos lugares por los niños, hijos de estos naturales. Hacen muchos de éstos algunos ayunos, disciplinas y continuas oraciones. derramando lágrimas y dando muchos suspiros. Muchos de estos niños y otros mayores saben bien leer. escribir y cantar, y hacer punto de canto. Confiésanse a menudo y reciben con mucha devoción el Santísimo Sacramento del altar, y con grande alegría predican la palabra de Dios a sus padres, industriados para ello de los religiosos.
(Carta de Juan de Zumárraga escribió al capítulo general XXXIII, celebrado en la ciudad de Tolosa de Francia)
Y aquí es donde la conexión con el acontecimiento guadalupano de 1531 adquiere densidad interpretativa. Con frecuencia, ciertas lecturas contemporáneas reducen dicho evento a un fenómeno de sincretismo, entendido como una simple superposición de símbolos indígenas y cristianos. No obstante, esta interpretación resulta insuficiente si se confronta con la evidencia documental posterior. En efecto, incluso en 1543 más de una década después de la aparición, Zumárraga y otros misioneros siguen refiriéndose a la persistencia de ritos, resistencias y rechazos.
También Zumárraga escribió una extensa carta a Carlos V, fechada el 27 de agosto de 1529, en la que contó con minuciosidad el maltrato cometido por los miembros de la primera Audiencia de México contra los indígenas y contra sus compañeros de la orden franciscana (García Icazbalceta 1881: apéndice 1–42).
Guadalupe
Debemos matizar la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, y dejar en claro, que la misma, no puede entenderse como culminación de un proceso ya consolidado, sino más bien como punto de inflexión. Es el inicio de una apertura, no su consumación. En un contexto donde la predicación encontraba límites evidentes, la irrupción de lo divino, en una forma accesible, encarnada y significativa para los naturales, operó como una promesa, una especie de tratado que no sustituye el trabajo misional, pero lo reconfigura, introduce una mediación que hace inteligible y aceptable el núcleo de la fe cristiana.
En este sentido, la clave no está en los llamados ¨sincretismos”, sino en la cristología implícita del acontecimiento. Lo que se pone en juego no es una fusión de creencias, sino la afirmación de un Dios “verdadero Dios y verdadero hombre”, capaz de sacrificarse por la humanidad. Precisamente aquello que Zumárraga considera indispensable para la educación y conversión, y que bajo la intervención del Padre, se reveló la verdad encarnada que interpela y transforma.
Así, leídas desde esta perspectiva, las cartas de Zumárraga no solo documentan dificultades y logros, sino que permiten comprender la lógica interna de la evangelización temprana en México.
Una lógica marcada por la tensión entre esfuerzo humano y gracia divina, entre conflicto político y misión espiritual, y en la que el acontecimiento guadalupano emerge no como anomalía, sino como respuesta a una necesidad profundamente percibida, la de una intervención divina que hiciera posible lo que, por medios exclusivamente humanos, parecía insuficiente.

Bully Magnets. (2018, 14 de mayo). Fray Juan de Zumárraga y la Inquisición en México [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=fLMC-LgpMBg
Cacho Casal, R. (1999). La sección de libros de Fray Juan de Zumárraga: El humanismo cristiano en la Nueva España. Centro Virtual Cervantes. https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/13/aih_13_3_025.pdf
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García-García, E. (2017). Fray Juan de Zumárraga y la construcción de la Iglesia en la Nueva España. University of Massachusetts Amherst. https://scholarworks.umass.edu/server/api/core/bitstreams/301aab5c-d863-4c76-9c3c-bd824aab64e7/content
Dussel, E. (s.f.). Zumárraga; La salvación de los indios. Diccionario de Historia de la Iglesia en América Latina. https://www.dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA;_La_salvaci%C3%B3n_de_los_indios

