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El latido de un corazón herido

Además de ver a la Virgen María, María Livia Genga también recibió apariciones de Nuestro Señor Jesucristo, quien le fue revelando el propósito de su obra espiritual nacida en Salta. Una obra que, según lo que el mismo Señor le manifestó, comenzaría con los consagrados y, desde allí, se extendería al mundo.

La visión del Corazón herido de Jesús

El 1 de abril de 1995, mientras rezaba el Vía Crucis frente al Sagrario de su parroquia, María Livia tuvo una visión. Delante de ella se presentó el Corazón herido de Jesús. Aquel Corazón latía con tal intensidad que, de la profunda herida que lo atravesaba, brotaban gruesas gotas de sangre con cada espasmo.1

En ese momento, María Livia comprendió el sufrimiento que el Señor experimentaba: no solo un dolor físico, sino también un dolor moral inexplicable, tan profundo que la hizo tambalearse y casi desmayarse. Su propio corazón parecía no resistir semejante sufrimiento.

El misterio del Amor infinito

Pero, en medio de esa escena tan dolorosa, Jesús le mostró el misterio más grande de todos: el amor infinito que hay en su Corazón Adorado. Un amor inmenso e inagotable por la humanidad. Un amor que se entrega y se inmola, que sangra y perdona, que sostiene y salva. Un amor que sufre por nosotros, por nuestra redención.

La voz que se revela

Al finalizar la visión, María Livia escuchó una voz clara que le dijo:

“Yo soy el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús, adoradme perpetuamente en reparación”.

Aquella voz no solo se presentó, sino que también le dictó una oración para ser rezada con devoción ante el Sagrario.2

Oración al Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús

Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús, confío inmensamente en Tu Misericordia. Te pido humildemente que me concedas la fe que necesito para abandonarme a Tu infinita Misericordia, porque ya se han agotado mis recursos humanos y ahora solo me queda volverme con confianza a Tu infinita Compasión, sabiendo que Tú no desoirás mi súplica.

Aquí estoy, Señor, a Tus pies, pidiéndote con fervor que arregles todas mis cosas y problemas según Tu Amor y Tu beneplácito divino, que sé será lo mejor para mí. Concédeme aquello que te estoy pidiendo, si es para bien de mi alma.
Toma, Señor, mi problema. Toma mi corazón.

Confío en Ti, Corazón Eucarístico de Jesús.
Mi esperanza está en Ti, Corazón Eucarístico de Jesús.
Me abandono a Ti, Corazón Eucarístico de Jesús. Amén.

FUENTES


  1. Obra “Yo Soy la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús”, Síntesis de las apariciones, apartado “Apariciones de Nuestro Señor Jesucristo”.
    Ubicación en la fuente: relato fechado el 1 de abril de 1995, en el párrafo que comienza describiendo que María Livia, mientras realizaba el Vía Crucis, vio delante del Sagrario el Corazón herido de Jesús. Allí se relata que el Corazón tenía una profunda herida y que, con cada latido, brotaba de ella una gota gruesa de sangre.
    La fuente respalda directamente la fecha, el contexto de la visión y la descripción del Corazón herido de Jesús que aparece en el artículo. ↩︎
  2. Obra “Yo Soy la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús”, Síntesis de las apariciones, apartado “Apariciones de Nuestro Señor Jesucristo”.
    Ubicación en la fuente: inmediatamente después del relato de la visión del 1 de abril de 1995, donde aparece la expresión “Yo Soy el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús”. A continuación, la fuente señala que se le dictó a María Livia una oración para ser rezada a los pies del Sagrario.
    La fuente respalda tanto la identificación del Corazón Eucarístico de Jesús como el origen atribuido a la oración reproducida posteriormente en el artículo. ↩︎

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