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Bilbao, España — María Martínez, de 45 años y originaria de Bilbao, protagoniza una de las historias de conversión más impactantes. Su testimonio, que combina experiencias personales de dolor extremo, crisis existencial y un vuelco espiritual radical, ha conmovido a miles de fieles y observadores.

Antes de adoptar el nombre de María, esta mujer se llamaba Amaia, y por años trabajó como enfermera en una clínica donde se practicaban abortos. En sus propias palabras, llegó a ser “lo más anticlerical que se podía ser”: feminista militante, proaborto y activamente contraria al catolicismo.

“Manos manchadas de sangre inocente”

Durante su relato, María describió con crudeza su labor en la llamada “planta del infierno” de la clínica: cada mañana ayudaba al ginecólogo a realizar abortos en serie, despidiendo a las mujeres que salían del quirófano sin sus hijos. Según explicó, el procedimiento era sistemático y desgarrador, con una rotación casi industrial de mujeres cada 15 minutos.

“El fundamental era conseguir que las mujeres no dieran problemas… las aislábamos para que no diera marcha atrás”, relató. Con el tiempo, la propia Amaia empezó a sufrir síntomas físicos y psicológicos profundos, hasta que un día se encontró paralizada al ver en un cubo el pie de uno de los bebés. “Entonces mi corazón, que ya estaba duro, empezó a romperse”, narró frente al auditorio.

Una espiral de crisis y muerte

A los 27 años abandonó Bilbao, dejando atrás tanto su trabajo como su matrimonio, para estudiar Fisioterapia en Barcelona. Aunque logró un éxito profesional inicial, su vida personal se desmoronó entre fiestas, soledad y una búsqueda frenética de sentido. En enero de 2017, tras la separación de su esposo, intentó suicidarse, un momento que ella misma describe como “la nada absoluta”.

Ese giro la llevó hasta Nepal, donde trabajó como voluntaria tras un terremoto. Allí su camino espiritual, hasta entonces centrado en un budismo influido por su anticlericalismo, dio un vuelco inesperado.

El encuentro que lo cambió todo

Caminando por Katmandú, Amaia se topó con una caseta atendida por Misioneras de la Caridad, religiosas de la orden fundada por la Madre Teresa de Calcuta, quienes cuidaban a los pobres y enfermos sin distinción. Aunque inicialmente rechazó sus invitaciones, una serie de encuentros aparentemente fortuitos la llevó a presentarse en la capilla para una misa.

Fue en ese momento, apenas minutos después de iniciada la Eucaristía, cuando María relata haber sentido una voz interior que le decía: “Bienvenida a casa… ¡cuánto has tardado en amarme!”. Cayeron lágrimas, paz y una comprensión profunda que ella describió como un “renacimiento espiritual”.

Un nuevo rumbo de vida

Tras pasar cuatro meses con las misioneras, María regresó a España con una nueva misión: reconstruir su vida, reconciliarse con su esposo y profundizar en su fe católica. Las religiosas la acompañaron en ese proceso, brindándole un sostén espiritual y humano que ella define como “el amor y la dignidad que no conocía”.

Lo que comenzó como una vida marcada por el rechazo hacia la fe y la intervención en abortos masivos, se transformó en un testimonio de reconciliación con su pasado y compromiso con su conversión religiosa. 

FUENTE


“Practicaba abortos, era anticlerical y feminista, pero en una misa con unas monjas cayó fulminada” artíulo publicado en la página “Religión en Libertad”. Sitio web: https://www.religionenlibertad.com/personajes/190516/practicaba-abortos-era-anticlerical-y-feminista-pero-en-una-misa-con-unas-monjas-cayo-fulminada_55022.html

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