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Fray Toribio de Benavente, Motolinía: misionero y cronista de la Nueva España

Autoras: Elidé Rojas y María Emilia Zuchelli.

En 1524, apenas tres años después de la caída de Tenochtitlan, doce frailes franciscanos llegaron a la Nueva España con la misión de evangelizar a sus habitantes. Entre ellos se encontraba Toribio de Benavente, quien con el tiempo sería conocido como Motolinía y se convertiría en uno de los cronistas más importantes del siglo XVI novohispano.

Su figura resulta difícil de encerrar en una sola definición. Fue misionero, conocedor del náhuatl, maestro, viajero y observador de las sociedades indígenas. También denunció algunos de los abusos cometidos por encomenderos y funcionarios coloniales. Sin embargo, compartía la convicción de que los antiguos cultos debían desaparecer y defendió determinados aspectos de la conquista y del orden colonial. Comprender estas tensiones permite acercarse a su vida sin idealizarla ni reducirla a la imagen de un simple defensor de los indígenas.

De Toribio de Benavente a Motolinía

Su nombre original habría sido Toribio de Paredes pero, al ingresar en la Orden de los Frailes Menores, adoptó el nombre de Benavente, la localidad española donde había nacido. Antes de partir hacia América pasó por la provincia franciscana de San Gabriel1, en Extremadura, vinculada con una interpretación especialmente rigurosa de la pobreza y la austeridad.

Por lo tanto, su vida sencilla no surgió en la Nueva España como una estrategia para acercarse a las comunidades indígenas. La pobreza ya formaba parte de su identidad religiosa.

Según una tradición recogida por cronistas franciscanos2, cuando los doce religiosos avanzaron hacia el interior del territorio a pie, descalzos y con sus hábitos desgastados, algunos indígenas comenzaron a repetir la palabra náhuatl motolinía3. Al preguntar por su significado, Toribio supo que se relacionaba con la pobreza, la aflicción o el sufrimiento y decidió adoptarla como nombre4.

Para el fraile, aquella palabra podía expresar el ideal de pobreza voluntaria de san Francisco. Para quienes contemplaban a los recién llegados, también pudo haber sido una descripción de su apariencia pobre y fatigada.

Aprender para evangelizar

Los franciscanos pronto descubrieron que su misión no podía avanzar mientras fueran incapaces de comunicarse con las comunidades. Motolinía aprendió náhuatl y llegó a ser reconocido como un buen nahuatlato, es decir, como una persona capaz de comprender y expresarse en esa lengua.

Ese aprendizaje le permitió predicar, enseñar la doctrina y administrar sacramentos, pero también conversar, hacer preguntas y recopilar información. Recorrió numerosas comunidades, enseñó a niños a leer, escribir y cantar, y se interesó por los calendarios, las ceremonias, los cultivos, los animales, las formas de organización y los relatos históricos de los pueblos que conocía.

Su curiosidad excedía así lo estrictamente religioso. Cuando tenía noticia de una práctica o un fenómeno que llamaba su atención, procuraba observarlo y dejar constancia de ello. Esa inclinación lo convirtió no solamente en evangelizador, sino también en uno de los primeros cronistas de la Nueva España.

Un testigo de la transformación

Motolinía vivió en un territorio profundamente alterado por la guerra, las epidemias y la reorganización colonial. En sus escritos describió con crudeza algunas de sus consecuencias.

En el conocido pasaje de las “diez plagas”5, comparó las desgracias sufridas por los indígenas con las plagas bíblicas de Egipto. Incluyó entre ellas las epidemias, la guerra, el hambre, los tributos excesivos, la esclavización, el trabajo en las minas y la construcción de la nueva Ciudad de México mediante trabajo indígena.

Sus denuncias muestran que conocía la violencia y la explotación que acompañaron al nuevo orden. Pero su posición no consistía en rechazar por completo la conquista o el sistema colonial. Consideraba legítimos ciertos tributos siempre que fueran moderados6 y defendía la posibilidad de construir una sociedad cristiana en la Nueva España.

Esta postura lo diferenciaba profundamente de Bartolomé de las Casas, quien formuló una crítica más radical de la conquista y de sus instituciones.

Un fraile frente al poder

Motolinía no limitó su intervención a la escritura. En diferentes momentos entró en conflicto con autoridades civiles cuando consideró que perjudicaban a las comunidades indígenas o impedían la labor de los franciscanos.

Uno de los episodios más significativos ocurrió en 1529. Motolinía era entonces guardián del convento de Huejotzingo. Varios caciques y sus familias, perseguidos por agentes de la Primera Audiencia, buscaron refugio en el convento. El fraile les concedió asilo y, cuando los funcionarios intentaron llevárselos, les ordenó abandonar la población bajo pena de excomunión7.

El episodio muestra su valentía frente al poder, pero también un rasgo constante de su personalidad: estaba dispuesto a extender su autoridad y desafiar los procedimientos establecidos cuando consideraba que su conciencia le exigía actuar.

Su defensa de los indígenas fue, por tanto, real, pero tuvo límites. Era capaz de enfrentarse a funcionarios, encomenderos y recaudadores por abusos concretos, al mismo tiempo que aceptaba la evangelización y buena parte del orden político nacido de la conquista.

El valor de sus crónicas

Hacia la década de 1530, Motolinía comenzó a organizar los materiales que darían origen a la Historia de los indios de la Nueva España. También se le atribuyen los llamados Memoriales y otros escritos sobre la evangelización, las costumbres y la historia de los pueblos indígenas.

Estas obras poseen un enorme valor histórico8 porque registran acontecimientos, prácticas y transformaciones de las primeras décadas posteriores a la conquista. También conservaron información procedente de testimonios y conocimientos indígenas a los que Motolinía pudo acceder gracias a sus viajes y a su dominio del náhuatl.

Sin embargo, sus crónicas no constituyen una mirada neutral. Motolinía interpretaba la historia desde su fe y consideraba que la conversión al cristianismo formaba parte de un plan providencial. Podía admirar una lengua, una costumbre o un conocimiento indígena mientras condenaba las antiguas prácticas religiosas como idolatría.

Esta doble condición, observador cercano y evangelizador convencido, es precisamente lo que vuelve tan importantes y complejos sus escritos.

Un legado lleno de tensiones

Motolinía murió en la Ciudad de México, probablemente en 1569, después de haber dedicado varias décadas a recorrer, evangelizar y describir la Nueva España.

Recordarlo únicamente como defensor de los pueblos indígenas simplifica una trayectoria mucho más rica. Denunció abusos, protegió a personas perseguidas y dejó testimonios estremecedores sobre la explotación colonial. Pero también defendió a Hernán Cortés, se enfrentó con Las Casas9 y trabajó activamente para sustituir las antiguas religiones por el cristianismo.

Su legado se encuentra en esa tensión. Motolinía fue un hombre profundamente comprometido con las comunidades que conoció, pero las contempló desde las convicciones y los límites de un misionero europeo del siglo XVI. Sus escritos continúan siendo fundamentales porque conservan la mirada de alguien que no permaneció al margen: caminó por aquel mundo, aprendió una de sus lenguas, intervino en sus conflictos y trató de registrar una realidad que estaba cambiando para siempre.

FUENTES


  1. Frost, Elsa Cecilia. “Toribio de Benavente, llamado Motolinía”, en Historiografía mexicana. Volumen II: La creación de una imagen propia. La tradición española. Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México. Obtenido de la página Instituto de Investigaciones Históricas – UNAM. Sitio Web: https://historicas.unam.mx/  ↩︎
  2. Mendieta, Jerónimo de. Historia eclesiástica indiana. Escrita a finales del siglo XVI; primera edición publicada por Joaquín García Icazbalceta en 1870. Obtenida de la página Internet Archive. Sitio Web: https://archive.org/ ↩︎
  3. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Gran Diccionario Náhuatl, entrada “motolinia”. ↩︎
  4. Torquemada, Juan de. Monarquía indiana, libro XX, capítulo XXV: “Vida del padre fray Toribio Motolinía”. Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. Obtenido de la página Instituto de Investigaciones Históricas – UNAM. Sitio Web: https://historicas.unam.mx/ ↩︎
  5. Benavente, Toribio de, Motolinía. Historia de los indios de la Nueva España. Obtenida de la página Internet Archive. Sitio Web: https://archive.org/ ↩︎
  6. Benavente, Toribio de, Motolinía. Carta al emperador Carlos V, 1555. Edición de Joaquín García Icazbalceta, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Obtenido de la página Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sitio Web: https://www.cervantesvirtual.com/ ↩︎
  7. Ramírez, José Fernando. “Noticias de la vida y escritos de fray Toribio de Benavente o Motolinía”, en Colección de documentos para la historia de México, tomo I. Obtenido de la página Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sitio Web: https://www.cervantesvirtual.com/ ↩︎
  8. Benavente, Toribio de, Motolinía. Historia de los indios de la Nueva España. Obtenida de la página Internet Archive. Sitio Web: https://archive.org/ ↩︎
  9. Benavente, Toribio de, Motolinía. Carta al emperador Carlos V, 1555. Edición de Joaquín García Icazbalceta, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Obtenido de la página Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sitio Web: https://www.cervantesvirtual.com/ ↩︎
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