La Evangelización en México
La evangelización de México no comenzó de un día para otro ni fue obra de un solo grupo de misioneros. Antes de que llegaran los frailes que organizarían la misión en la Nueva España, ya habían ocurrido encuentros entre religiosos españoles y los pueblos de las costas del actual territorio mexicano.

En 1518, el presbítero Juan Díaz acompañó la expedición de Juan de Grijalva. Al año siguiente, los capellanes de Hernán Cortés, entre ellos fray Bartolomé de Olmedo, también participaron en los primeros contactos religiosos. La comunicación no era sencilla: Jerónimo de Aguilar, que había vivido entre los mayas y conocía su lengua, intervino como intérprete. Hubo predicaciones y bautismos, pero todavía no existía una misión organizada en el territorio.1
Concluida la conquista militar el 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés le solicitó a Carlos V el envío de misioneros. Como respuesta en 1523 llegaron a México Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Ayora y Fray Pedro de Gante. Y para mayo de 1524, desembarcaron en Veracruz los doce apóstoles franciscanos2 de México. Ellos llegaron a México- Tenochtitlán en junio; fue entonces que comenzó el proceso ordenado y metódico de la evangelización de la Nueva España.
Los Doce Apóstoles de México

Aquellos doce frailes, del convento de San Francisco de Belvís de Monroy (Cáceres), eran «franciscanos descalzos». Esta era una corriente que abogaba por la austeridad extrema, tanto en su forma de vida como en su vestimenta, y que había impulsado el extremeño San Pedro de Alcántara. Su labor en América no sólo era evangelizadora, sino también como protectores de los derechos de los indios, y como preservadores de la cultura y costumbres prehispánicas.
Los frailes atravesaron a pie el camino desde la costa hasta el centro de México. Su aspecto austero llamó la atención de quienes los vieron pasar y pronto comenzaron a llamarles los «Motolinia», que en lengua náhuatl significa «pobres». Según una tradición recogida por el cronista Jerónimo de Mendieta, fray Toribio de Benavente adoptó desde entonces ese nombre.3
Una vez establecidos, los franciscanos organizaron su trabajo en centros como México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo. Inmediatamente después, en 1526, arribaron los primeros dominicos, entre ellos Fray Julián Garcés, quien seria el primer obispo de Tlaxcala. Los misioneros eran pocos para la extensión del territorio. Debían desplazarse entre poblaciones para predicar, enseñar la doctrina y atender la vida religiosa de las comunidades.4
Aprender, enseñar y hacerse entender
La evangelización no consistía solamente en pronunciar sermones. La lengua era una de las primeras dificultades: los frailes necesitaban comprender a las personas a quienes querían transmitir la fe, y los indígenas participaron activamente como intérpretes, alumnos y colaboradores.
Desde los primeros años, los franciscanos establecieron espacios de enseñanza para niños indígenas. Allí se impartía la doctrina cristiana y, al mismo tiempo, el contacto cotidiano permitía a los frailes aprender palabras y formas de expresión locales. Algunos de aquellos niños colaboraron luego en la enseñanza dentro de sus comunidades.
También se recurrió a imágenes, cantos y representaciones para explicar los relatos y las enseñanzas cristianas. Estos recursos ayudaban a comunicar ideas entre personas que no compartían una misma lengua. La música llegó a formar parte de la enseñanza y de las celebraciones religiosas, con la participación de niños y jóvenes indígenas.
En 1528 llegó a México fray Juan de Zumárraga, franciscano observante, quien sería el primer obispo de México y más tarde arzobispo e inquisidor. Entre sus responsabilidades estuvieron la organización de la Iglesia en formación y la atención a la situación de los pueblos indígenas. Para entonces, la misión ya había comenzado, pero todavía enfrentaba enormes dificultades: la escasez de religiosos, las distancias, las barreras lingüísticas y las consecuencias de la conquista.5
La evangelización hacia 1531
Cuando la tradición sitúa las apariciones de la Virgen de Guadalupe en 1531, la evangelización de la Nueva España llevaba pocos años de organización. Franciscanos y dominicos trabajaban en distintas regiones; los primeros aprendían lenguas, enseñaban a niños y buscaban formas de transmitir la fe mediante la palabra, las imágenes y la música. Los propios indígenas participaban en ese proceso de distintas maneras.

Este era el mundo religioso en formación en el que se sitúa el relato guadalupano. La aparición no ocurrió, según la tradición, en una sociedad ya evangelizada por completo, sino en medio de encuentros, dificultades y cambios profundos. Por eso, para comprender la historia de Guadalupe también es necesario conocer cómo se estaba anunciando el cristianismo y cómo lo recibían y transmitían las comunidades indígenas.
La tarea continuó durante las décadas siguientes. En 1536, después de los acontecimientos que la tradición guadalupana fecha en 1531, se fundó el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco para la formación de jóvenes indígenas6. Entre quienes estudiaron allí estuvo Antonio Valeriano, destacado intelectual nahua a quien se atribuye el Nican Mopohua. Su trayectoria permite ver que los indígenas no fueron únicamente destinatarios de la evangelización: también participaron en la producción y transmisión de conocimientos que marcaron la historia de la Nueva España.
FUENTES
- Artículo MÉXICO. Evangelización, publicado en DHIAL – Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina. Respalda esa cronología. Sitio Web: https://dhial.org/ ↩︎
- Antonio Rubial García “Las órdenes mendicantes evangelizadoras en Nueva España y sus cambios estructurales durante los siglos virreinales” p. 215-236, publicado en el Instituto de Investigaciones Históricas. Sitio Web: https://historicas.unam.mx/ ↩︎
- Miguel León-Portilla, “Los franciscanos vistos por el hombre náhuatl. Testimonios indígenas del siglo XVI”, publicado en el Instituto de Investigaciones Históricas. Allí recoge el relato de Mendieta sobre el nombre. Sitio Web: https://historicas.unam.mx/ ↩︎
- PDF del artículo de Federico Beals Nagel Bielicke “El Aprendizaje del Idioma Náhuatl entre los franciscanos y los jesuitas en la Nueva España”, publicado en Estudios de Cultura Náhuatl. Sitio Web: https://nahuatl.historicas.unam.mx/index.php/ecn ↩︎
- Enrique González González, “Los libros en la vida del obispo fray Juan de Zumárraga”, p. 224-258, publicado en el Instituto de Investigaciones Históricas. Allí recoge el relato de Mendieta sobre el nombre. Sitio Web: https://historicas.unam.mx/ ↩︎
- PDF obtenido de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, titulado Colegio de Tlatelolco / Alfredo Chavero. Sitio Web: https://www.cervantesvirtual.com/ ↩︎

