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El sacrificio en el mensaje guadalupano. Por Martina Lopez Gil

1. ¿Qué elementos de la tilma hablan del sacrificio de Dios?

El mensaje de la tilma se comprende dentro de la visión indígena. Los mexicas relacionaban la conservación de la vida y del cosmos con el sacrificio: consideraban necesario entregar sangre, corazones y energía vital para alimentar al sol y permitir que continuara su movimiento.

Frente a esta concepción, la imagen de Guadalupe presenta un mensaje diferente: el sacrificio necesario para dar la verdadera vida no es el sacrificio del ser humano, sino el sacrificio de Dios mismo en Jesucristo.

Uno de los elementos fundamentales es que María aparece embarazada. No se presenta sola: lleva a Jesucristo en su vientre. María lleva dentro de sí al verdadero Dios, al verdadero dador de la vida.

Esto es especialmente significativo porque, dentro de la concepción indígena, la sangre y el corazón humanos eran ofrecidos como energía vital para sostener el cosmos. En la imagen guadalupana, en cambio, quien viene a dar la vida es Dios.

Otro elemento central es la flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin que aparece sobre el vientre de María. En los apuntes de la serie Panquetzaliztli se relaciona este símbolo con el movimiento, el centro y la continuidad de la vida y del cosmos. Su posición sobre el vientre de María señala que allí se encuentra quien ocupa el verdadero centro: Jesucristo.

Esto se relaciona también con la figura del sol. Los indígenas realizaban sacrificios porque consideraban necesario alimentar al sol con energía vital para que pudiera continuar su recorrido. En la interpretación guadalupana desarrollada en estos apuntes, Cristo es presentado como el verdadero Sol. Por lo tanto, no necesita recibir la sangre de los seres humanos para continuar viviendo: es Él quien entrega su propia vida.

2. ¿Qué elementos dicen que ya no hacen falta sacrificios humanos?

Para entender esto primero hay que comprender por qué existían los sacrificios humanos.

Según los apuntes de Panquetzaliztli, dentro de la concepción religiosa indígena los dioses habían realizado previamente un sacrificio para dar vida a los hombres. Por lo tanto, los hombres tenían que corresponder a ese sacrificio entregando también su sangre y su energía vital.

A esto se sumaba la necesidad de mantener el movimiento del cosmos. El sol necesitaba energía para continuar su recorrido, y esa energía podía proporcionarse mediante sangre y corazones humanos.

El mensaje guadalupano explicado por Chávez responde precisamente a esta concepción. La tilma presenta a María embarazada y, sobre su vientre, el Nahui Ollin. Allí está Jesucristo, presentado como el verdadero Sol y como fuente de la verdadera vida. La diferencia es fundamental: este verdadero Sol no necesita ser alimentado mediante sacrificios humanos. Cristo ya ha realizado el sacrificio definitivo al entregar su propia vida.

Por eso cambia completamente la dirección del sacrificio:

Antes: el hombre entrega su vida a los dioses.

Ahora: Dios entrega su vida por los hombres.

De esta manera, ya no existe la necesidad de ofrecer nuevos seres humanos para mantener vivo al cosmos, porque Cristo es presentado como el sacrificio único y definitivo.

En los apuntes de Panquetzaliztli esta conclusión aparece expresada de manera muy directa: Cristo sustituye la necesidad de continuar realizando sacrificios humanos.

Además, la dimensión eucarística refuerza la misma idea. El cristianismo habla del cuerpo y la sangre de Cristo, pero no exige que los hombres entreguen físicamente su sangre y su corazón a Dios. Es Cristo quien entrega su cuerpo y su sangre.


Fuentes:


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